Luis Pérez Aguado / Artículo de opinión.- Nuestras Islas nunca gozaron de buena salud cultural. Cuando parecía que estábamos saliendo del profundo letargo en que nos encontrábamos, la drástica reducción de los presupuestos en cultura para el próximo año del gobierno canario nos ha dado de bruces con la triste realidad, Seguimos, igual que antaño, postrados en el lecho de la incultura.
Aunque los recortes no son buenos, tampoco estoy muy seguro de que la política cultural -por llamarla de alguna manera- llevada a cabo en nuestra comunidad haya sido acertada. Tampoco tengo claro que los que se llaman a sí mismos políticos de la cultura y gestores culturales entiendan el concepto de cultura como lo hacemos los ciudadanos de a piel. Veamos por qué mis dudas y por qué a mí, personalmente, no me cuadran las cosas.
Es el propio viceconsejero de cultura quien cita y se reúne con los profesionales del ramo para que sepan a qué atenerse. Lo hace en las dos capitales de provincia y, de inmediato, los agentes culturales se ponen en pie de guerra. ¿Estrategia? ¿Ocultos intereses? ¿Excusa para que algunos puedan seguir viviendo a lo grande?
En ocasiones, las inversiones millonarias y los dineros de grandes eventos sólo han servido para que se luzca el gestor de turno y, de paso, tirar el dinero por la alcantarilla. Pongamos, por caso, Septenio, un modelo creado por el Gobierno de Canarias para difundir fuera del Archipiélago proyectos culturales desarrollados en las Islas. Magnifica iniciativa. Pero, mientras se pedía a todos los canarios que nos apretáramos el cinturón, se presentó en la isla de Fuerteventura con grandes faustos el proyecto. Hotel de lujo, ochenta y cuatro invitados, comidas institucionales, facturas de agencias de viajes, caché de los artistas, transportes por la isla, etc. Total 90.000 euros gastados en unas pocas horas. Se repite la hazaña el la isla de La Palma. En esta ocasión con doscientos invitados. Sólo los gastos de hotel ascendieron a 70.000 euros.
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