Podcast / Planeta Musical Sur.- El hombre dominicano es sin dudas un magnífico ente musical. Desde el rudo y soleado trabajo del campo con sus cantos de hacha, hasta el quehacer cotidiano del más alto funcionario urbano, se colma de continuo el espacio de música, ritmo y alegría. Como resultado de tal urgencia anímica, existe en el país un número impresionante de emisoras de radio, distribuidas desde la capital hasta las provincias más remotas, y con este caudal de música diaria, se llena una buena parte de la cuota que la población requiere. Todo se canta en Quisqueya, como es el nombre en lengua taína de la isla de La Española.
Duración aproximada: 58:18
Formato: MP3
Tamaño: 52.3MB
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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7
Corría el año 1795, cuando asustado por la liberación de los esclavos en Haití, el rey de España cede a Francia el territorio de Santo Domingo. De un plumazo se borra la frontera que cortaba en dos la isla, dividida entre la más pobre de las colonias españolas y la más rica de las colonias francesas. Don Manuel Godoy, el mandamás de la corte, dice en Madrid que la revuelta de Haití ha convertido toda la isla en tierra de maldición para los blancos. Esta había sido la primera colonia de España en América. Aquí había tenido el impero su primera audiencia, su primera catedral, su primera universidad. Desde aquí habían partido las huestes de la conquista hacia Cuba y Puerto Rico. Tal nacimiento anunciaba glorioso destino, pero Santo Domingo fue desvastada hacía dos siglos. El gobernador Antonio de Osorio convirtió esa colonia en humo. Día y noche trabajó Osorio achicharrando la tierra pecadora, y palmo a palmo quemó casas y fortalezas y embarcaciones, molinos y chiqueros, y corrales y campos de labranza, y con su mano ahorcó a quien osó resistir. El gobernador Osorio, veterano de las guerras de Flandes, había purificado estos suelos. Había empezando quemando las ciudades del norte, porque por estas costas entraban los piratas ingleses y holandeses trayendo biblias de la secta de Lutero, y difundiendo la costumbre hereje de comer carne en Viernes Santo. Había empezado quemando por el norte, y después no pudo parar. La masiva obstinación musical, merecedora de un profundo estudio del psiquismo nacional, se enmarca en los perfiles más sobresalientes de la cultura popular de un pueblo, golpeado en sus entrañas de antaño por todos los flancos, sin la menor tregua. Con ello se explica el refugio que el dominicano se auto-proporciona con sus cantares, ritmos y danzas, productos de su cultura nacional. Una cultura dominicana que se basa, fundamentalmente, en la conformación de dos culturas madres: la española y la africana.
Tiene poco de indígena o nada, puesto que en menos de 50 años los indios habitantes de la isla de Santo Domingo en 1492, fecha en que Don Cristobal Colón pisó estas tierras, fueron exterminados por los trabajos forzados a lo que fueron expuestos. La cultura dominicana existe. Y no porque sí. Existe por fuerza de una historia de 500 años formada en los sudores fulgurantes de los esclavos, la llegada del europeo a esas tierras, y una mezcla inteligente del puñado de costumbres y culturas en convivencia durante cinco siglos. Y así se hizo su música. Así, la República Dominicana cuenta dentro de su música tradicional, con una gran variedad y riqueza a nivel rítmico, armónico e instrumental. Instrumentos como la guira, la tambora y el acordeón son elementos esenciales dentro de la música folklórica dominicana. Algunos de los géneros más reconocidos son: la bachata, el son y el merengue, los cuales sin lugar a dudas representan un lugar muy importante dentro de la identidad nacional de todo dominicano. Guira, tambora y acordeón constituyen los instrumentos musicales que definen el llamado "perico ripiao" o "conjunto típico", nacido en la región norteña del Cibao. Los tales pericos ripiaos sólo disponían desde su aparición en los finales del Siglo XIX y hasta 1970 de esos instrumentos, pero luego, con el inevitable maridaje de la electrónica con la música, los pericos comenzaron a utilizar las guitarras-bajo amplificadas. Así esta música típica, se ha convertido en el gran fenómeno de la popularidad y atracción desde hace más de una década, muy superior a su pasado inmediato.
Vale reconocer con toda justicia, el valioso soporte que ha recibido esta música por parte de los dominicanos residentes en el exterior con su presencia militante, portadores como son del más exacerbado sentimiento de dominicanidad. Pero sin dudas es el merengue el ritmo más conocido. Los estudiosos estiman que el merengue surgió alrededor del año 1850. Su éxito no fue inmediato ya que a pesar de que se estableció la forma musical del merengue, no se pudo conseguir que el merengue penetrara en la alta sociedad, y sea considerara como una creación del pueblo dominicano. Pero a partir de 1930, el merengue logró difundirse en zonas donde antes era desconocido, en parte gracias al reciente uso de la radio, y en parte al gusto del dictador Rafael Leonidas Trujillo por esa forma de baile. Quizás, la posible predisposición ante este nuevo baile sea debida a que las parejas, que anteriormente danzaban separadas, se procedieron a "abrazar", sumado al aumento del movimiento de las caderas y a la cercanía de los danzantes. Y antes de terminar, no podemos dejar de mencionar, que luego de un largo proceso de fusión en las décadas del 30 al 50, del bolero con otros ritmos latinos de la época, la Bachata aparece “oficialmente” en 1962 en la voz de José Manuel Calderón. Para un segundo momento (70s y 80s) hace su aparición Radio Guarachita que se convierte en la principal difusora de este generó musical, que hace conocido el ritmo, ya no sólo en las clases populares; sino que la acerca a otros estratos, haciendo que este género se convierta en representativo del país. Su tercera etapa ve la bifurcación de dos vertientes, el tecnoamargue que trae fusiones con expresiones modernas como el rock, el jazz y otros ritmos caribeños, y la vertiente rosa, que resulta una combinación de la bachata con el bolero romántico, seguido por cantantes como Juan Luís Guerra, que le dan mayor difusión internacional. Comentarios basados en un fragmento del libro Memorias del fuego, de Eduardo Galeano, textos de Rafael Solano para el Sistema Nacional de Cultura de la República Dominicana, en publicaciones del sitio laesquinadominicana.com y de Arleco Producciones. En cuanto a la música hemos escuchado interpretaciones de Cheche Abreu, Joseito Mateo, Los palos dominicanos, Kinito Mendez, Luis Vargas, El Negrito Figueroa, Santos Peña & Su Conjunto Típico, Sergio Vargas, Francis Santana con Vinicio Franco y Juan Luis Guerra con 440. Y para terminar, una canción emblemática, “Dominicano soy” en la voz de Fernando Villalona. Es una realización de Jorge Laraia.




























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