Podcast / Planeta Musical Sur.- No es muy habitual asistir al nacimiento de un nuevo estado, como lo demuestra el hecho que, en la última década solo 3 nuevos países han sido reconocidos por las NU: Serbia, Timor Oriental y Montenegro. Por eso, es para destacar que el 9 de julio pasado, en la misma fecha que nuestra independencia, se constituyó un estado nuevo en el corazón de África: Sudán del Sur, de acuerdo al referéndum realizado en enero pasado, donde cerca del 99% de su población, votó por su emancipación de la república de Sudán. El río Nilo recorre la región de norte a sur, y vertebra, junto con sus afluentes, su geografía, su economía, y porqué no, su cultura.
Duración aproximada: 58:24
Formato: MP3
Tamaño: 53.4MB
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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7
En la medianoche del pasado viernes 8, el contador del nuevo reloj que preside una de las rotondas más centrales de Juba había llegado a cero tras contar los días, horas y minutos que faltaban para la independencia de la región sur de Sudán. "Al fin libres", se pudo leer en la pantalla del reloj. Después de 50 años de conflicto entre Norte y Sur, Sudán del Sur declaraba el 9 de julio su independencia. A las doce de la noche, cuando Sudán del Sur se convertía en el Estado más nuevo del planeta, fueron miles los sursudaneses que se lanzaron a las calles a bailar y cantar para celebrar el nacimiento de su nuevo país. Los faros de los coches servían para iluminar las banderas que ondeaban por toda la ciudad. Hombres y mujeres que salían a medianoche del último rezo, salían de la iglesia cantando el Cumpleaños Feliz. Han sido muchos los que se han subido a los coches, los que han cantado y bailado dando palmas o haciendo ruidos con envases de plástico. Entre ellos, el ministro de información del nuevo país Barnaba Marial Benjamin, quien en plena noche contó a la agencia Reuters que era el verdadero momento de celebrar la independencia. Con un territorio de 2.500.000 km2 y una población de algo más de 41.000.000 de habitantes, el 9 de julio Sudán dejó de ser el país más grande del continente negro. Y Sudán del Sur se convirtió en el país 193 de los que integran las Naciones Unidas y el número 54 del continente africano. Ubicado en el llamado valle del Nilo (y por ende con gran influencia egipcia desde la época de los faraones), Sudán empezó a manifestar una suerte de protoconciencia nacional en el periodo final de la dominación otomana en Egipto, a mediados del S.XIX. La expansión de los otomanos en Sudán acabó en pesadilla. En el sur se enfrentaba con las celosas autonomías étnicas y religiosas de animistas y cristianos, en tanto la apertura del canal de Suez (1869) incrementaba de forma exponencial el interés de las potencias coloniales.
Por otro lado, una gran insurrección liderada en el norte de Sudán por Muhammad ibn Abdalla, se propuso unificar todo el valle del Nilo. Corrompido y en quiebra, el sultanato egipcio solicitó la invasión militar directa de Londres, pero los rebeldes derrotaron a los ingleses, y establecieron el primer gobierno nacional de Sudán. Londres no admitió la existencia de un Estado que se oponía a su estrategia de formar en África oriental un corredor continuo de colonias para unir El Cairo con El Cabo. Así, la reconquista de Sudán contó con el apoyo de Francia, y un sanguinario general irlandés, el famoso lord Kitchener, venció a los sudaneses en la cruenta batalla de Omdurman. La instauración del protectorado anglo-egipcio, en 1899, hundió a Sudán en el atraso, la pobreza, y el marasmo político y religioso que las potencias imperialistas estimularon desde mucho antes, y aún después de su independencia formal en 1956. Así, la independencia de Sudán fue una de las más infelices de África. Además, el vasto territorio sudanés recibió el impacto de nueve países fronterizos, con distintos niveles de crisis y conflictos bélicos, que desplazaron a millones de refugiados que, en situación límite, se instalaron en Sudán. Para remate, Dios maldijo aún más a los sudaneses: las compañías petroleras detectaron en el sur de Sudán y en la región occidental de Darfur ingentes yacimientos de petróleo. Ahora bien. En el 2011, cuando la curva de producción de petróleo se aproxima a su culminación, sólo dos potencias se enfrentan en África: China y Estados Unidos. Los cálculos del geofísico texano King Hubbert (que hasta la fecha no han sido refutados) estiman que el recurso no renovable que mueve los engranajes de la economía mundial, empezará su descenso irreversible en 2015. Si damos crédito a los informes que destacan que para el 2012 Estados Unidos estaría en posición de importar de África cantidades de petróleo equivalentes a las que importa actualmente de Medio Oriente, la sorpresa mundial deparada por las repentinas y súbitas (aunque legítimas) revoluciones democráticas de los árabes, así como la previsible y la silenciosa partición de Sudán (que se veía venir), se torna más comprensible. ¿Qué sigue después de la partición de Irak y, posiblemente, Libia? ¿Algún país latinoamericano productor en gran escala de petróleo, que podría ser balcanizado para terminar con la atroz violencia y masacres que sacudieron a países como Sudán en años recientes? Mientras que a los palestinos y a los saharauis no se les reconoce el derecho a tener un Estado, el referendum que el 9 de julio pasado hizo de Sudán del Sur un Estado independiente, fue automáticamente reconocido por Estados Unidos, Israel y la Unión Europea. Reconocimiento que se condice con el interés de las grandes corporaciones económicas de dividir a los países productores de petróleo. La paz es el objetivo de un par de músicos en el nuevo Sudán. Seis años después del acuerdo de paz y justo una semana antes del referendum dos músicos promovían las causas de la paz y la unidad, mezclando las percusiones africanas y el hip-hop contemporáneo con los suaves ritmos de un clásico laúd del Medio Oriente. Una consciencia confiada y joven del rap, presente entre las etnias de los dinkas, los nuer y los ingleses, se une con poéticas letras árabes para cantar sobre el amor y la paz, mezclando los sonidos del norte de Sudán y la búsqueda de independencia de la región sur. Es la música de Ceasefire, una colaboración del 2005 entre el rapero sudanés del sur Emmanuel Jal y el cantante sudanés del norte Abdel-Gadir Salim, un esfuerzo musical para arreglar las fallas de la política. Producto de un respetado músico y un ex niño soldado, ambos músicos expresan así su deseo de que las cosas mejoren en su país tras el voto por la independencia. Comentarios basados en artículos del escritor y periodista argentino, y columnista de La Jornada de México, José Steinsleger, del periodista sudanés Isma’il Kushkush y de José Miguel Catalayud desde Juba para El Pais.com, mientras que el audio pertenece a un informe de Telesur La música que escuchamos en la primer hora del programa, corresponde a varios intérpretes de Sudan del Sur, como Koang Duote, David Pachong Madang, Bush K, Loketo Lee y Dinu Maruach, mientras que en la segunda parte son canciones del sudanés del sur Emmanuel Jal y el sudanés del norte Abdel Gadir Salim, incluídas en su disco Ceasefire, editado por el sello Riverboat en el 2005. Es una realización de Jorge Laraia.




























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