Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal / Artículo de opinión.- No es limpia y tampoco es segura ni barata, y, aunque a veces se olvide, el lado oscuro militar rodea y envuelve la industria nuclear. Veamos algunos nudos de este escenario nada marginal [1].
No hacemos referencia en esta conversación a las últimas intervenciones otánicas.
SLA: Hay un tema de “rabiosa actualidad” sobre el que tú te has manifestado en reiteradas ocasiones en calidad de miembro de Científicos por el Medio Ambiente (CiiMA) y del Centre d’Anàlisi i Programes Sanitaris (CAPS). ¿Qué papel ha jugado el uranio en las armas usadas en las guerras de estos últimos quince años?
ERF: Desde 1991 estamos asistiendo al desarrollo, por parte de EE.UU. y de sus adláteres de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de una serie de guerras que ellos mismos denominan, con indiscutido cinismo, “intervenciones humanitarias y altruistas”, caracterizadas por su rapidez y el uso masivo de tecnología (bombardeos aéreos, blindados, misiles, electrónica) con una alta potencia destructiva. En todas estas guerras, en la de Irak de 1991, en las de los Balcanes, en el ataque masivo a Afganistán, de nuevo en Irak en 2003, siguiendo planteamientos estratégicos de los teóricos militares del Pentágono, se ha pretendido que estas intervenciones eran altamente selectivas, centradas en objetivos militares, si bien, como ellos dicen, con algunos efectos colaterales inevitables; es decir, hablando claramente, con víctimas civiles e infraestructuras públicas devastadas. La enorme potencia destructora y la relativa selectividad –insisto: muy relativa- se obtienen gracias al desarrollo de nuevas o perfeccionadas armas, diseñadas y producidas por la poderosa industria armamentística de los EE.UU, innegablemente, la más innovadora de aquel país, cuyos beneficios por otra parte no han dejado de crecer en estos últimos años. El vicepresidente norteamericano [de la anterior administración usamericana, Dick Cheney] está muy informado de este asunto hasta el punto de que, curiosamente, sus inversiones personales están muy “focalizadas”, como se dice ahora, en estos ámbitos.
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