Por Lorenzo Gonzalo (*). Todos los días recibimos en el correo electrónico la frase de una persona famosa. En verdad no sé quién lo hace, pero generalmente es refrescante leer citas, frases sueltas e ideas que nos ayudan a la reflexión.
De Marie Curie leí lo siguiente hace unos días: “dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender”.
Aplicada esta frase a los procesos políticos y sociales, en su contenido más estricto, contribuiría a salvar muchos escollos que se interponen a la búsqueda de nuevas avenidas o dificultan reparar las existentes para hacer la vida de todos un poco mejor cada día.
Hablamos mucho de las ideologías que a diario nos blanden en el rostro para defender, bien sea la empresa privada, la propiedad estatal, los medios sociales o las iniciativas colectivas contrapuestas a las individuales.
La idea de Marie Curie nos invita a pensar la realidad a la luz del conocimiento científico y hacer uso de los instrumentos teóricos que permiten, adentrarse en los vericuetos de la cultura y entender las interrelaciones humanas.
David Ricardo, Adam Smith y los otros que desentrañaron ciertos fenómenos concomitantes a la economía de su tiempo, no pretendieron seguramente conformar un pensamiento ideológico. No obstante, los beneficiarios del desarrollo económico tomaron sus aportes y de alguna manera, siempre desde diferentes ángulos, levantaron paradigmas que los beneficiaban y que, lamentablemente significaron una esperanza, para grandes mayorías. La aparente simpleza de que cada cual puede ser un empresario, un dueño de negocio, comprar por menos y vender por más, hasta llegar a tener el poder que ningún rey alcanzó en su tiempo, conformó esperanzas. Los esfuerzos desencadenados en esas personas, al influjo de esas ilusiones, contribuyeron a aumentar aún más, las acumulaciones de los más afortunados, a quienes la suerte, sus habilidades, sus iniciativas o sus inclinaciones a la trampa y el crimen, les permitieron esas grandes riquezas. Lamentablemente para esas mayorías, los esfuerzos propios, alentados por dichos paradigmas, no se revirtieron en iguales resultados de éxito. De ese proceso surgió el capital. Marx lo vislumbró y con ese nombre bautizó el sistema.
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