J.M. Álvarez * / Artículos de opinión.- Le vimos hace meses, en una “performance”, celebrada en la Décima Bienal de La Habana, delante de un micrófono, dando alaridos y vivas a la libertad de la burguesía…
Le vimos, insolente y soberbio, enfrentándose a una empleada de hotel, exigiendo conectarse a Internet, porque él sí puede pagar (el bloqueo propicia un corto ancho de banda que encarece el uso de la Red a los cubanos, en consecuencia optimizan su uso social), gracias al dinero sucio que recibe…
Le vimos creyéndose importante, porque una hembra decimonónica le instó a responder por ella lo que consideró descalificaciones de Fidel y, como una mujer sumisa del Medievo, cedió el testigo a su macho “por ser cosas de hombres"…
Le vimos simulando preocupación, solícito con aquella que le procura el confort, porque, según contaron, había sido golpeada aunque después se demostró (tres médicos y un corresponsal extranjero lo avalan) que era todo falso…
Le vimos en una esquina, altivo, provocador, después de haber retado a duelo al supuesto culpable de los golpes que nunca existieron, tras avisar previamente a las televisiones extranjeras, porque sabía de antemano que el día fijado por él, en aquella esquina se iba a celebrar un evento popular juvenil…
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