J.M. Álvarez * / Artículos de opinión.- Como todo el mundo sabe, la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su última reunión aprobó (otra vez, y van…) una nueva resolución, que insta a Estados Unidos (EEUU) a levantar el bloqueo contra Cuba. De los 192 países que conforman la Asamblea, 187 votaron a favor de eliminar el bloqueo, dos se abstuvieron y sólo EEUU, Israel y Palau votaron en contra. Esta situación ha provocado que Cuba haya sufrido unas pérdidas, hasta ahora, estimadas en más de 90.000 millones de dólares.
Al presentar la resolución, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, además de señalar el impacto que el bloqueo provoca en temas sensibles como la salud y alimentación, declaró que la Convención de Ginebra de 1948 considera esas acciones, como “actos genocidas”. Al hilo de la cuestión, aprovecho para abrir un breve paréntesis, e insto a quienes dicen que al Gobierno cubano le interesa la existencia del bloqueo porque le permite mantenerse en el poder (eso que llaman “bloqueo interno”), a que respondan por qué entonces, La Habana insiste en presentar resoluciones solicitando su levantamiento.
Retomando el asunto, la afroamericana Susan Rice, Embajadora de EEUU en la ONU, justificó la postura de su país con unos argumentos que fueron desde alusiones a la guerra fría, hasta los “avances” producidos gracias a gestos unilaterales como el envío de remesas y la flexibilización de visitas a Cuba que, por cierto, siguen prohibidas a los ciudadanos estadounidenses que no son de origen cubano. Para remachar su actuación, Rice aseguró que el embargo (como lo denomina Washington) es una cuestión bilateral, es decir, un problema entre dos países ¿Seguro que entre dos países?
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