Teodoro Santana * / Artículos de opinión.- En el proyecto de Presupuestos Generales del Estado presentados por el gobierno español, Zapatero se quita definitivamente la máscara “social” y “progresista” y desvela definitivamente su alma de defensor a ultranza de los intereses de la oligarquía financiera española. Aún reconociendo que un gobierno del PP podría suponer medidas aún más duras, como el despido libre gratis y arbitrario, poca diferencia hay entre unos y otros.
Tras haber llevado las arcas públicas a un endeudamiento del 53,4% del Producto Interior Bruto (PIB) previsto para finales de 2009 (en 2008 fue del 37% ), con un déficit público del 10%, y ante las presiones monetaristas de la Unión Europea, al gobierno español le han entrado las ansias recaudatorias.
Lo que no se dice es que esa deuda se debe fundamentalmente a las enormes cantidades destinadas a sanear los bancos, que rondan los 340.000 millones de euros. Este salvaje saqueo de las arcas públicas, en creciente aumento, no se cuestiona por nadie, aunque lleve el endeudamiento del Estado al 62,5% del PIB, tal y como prevén los Presupuestos presentados.
Unos presupuestos cuyo objetivo reconocido es ingresar 10.950 millones de euros más en impuestos, apenas un 1% del PIB. De esa cantidad, solo 6.500 millones se recaudarán en 2010, puesto que la subida se aplicará a partir del 1 julio, “cuando la recuperación económica ya haya comenzado”, en palabras de la ministra Salgado. Sin razones objetivas para tal derroche de optimismo, la profecía (más bien los deseos) del gobierno Zapatero es que la economía comience a crecer a partir del segundo trimestre de 2010.
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