
Biocombustibles / Sierra Maestra.- Rafael Carela Ramos. uno navega por diferentes sitios de INTERNET, se percata de que paulatinamente crecen las filas de las personalidades y especialistas que cuestionan el uso de alimentos como combustibles, contrariamente a los que defienden esa idea.
Los biocombustibles han sido promovidos como alternativa del petróleo. Dicen sus promotores que estos contribuirán a mitigar el cambio climático por medio de la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, y beneficiará económicamente a los agricultores.
Sin embargo, investigaciones y análisis realizados por ecologistas y sociólogos exponen que la industria de los biocombustibles a gran escala será desastrosa para los agricultores, el medio ambiente, la preservación de la biodiversidad y los consumidores con menos recursos.
Al respecto, el Lic. Miguel A Altieri, profesor de Agroecología de la Universidad de Berkeley, California, y la Lic. Elizabet Bravo señalan que la conversión de cereales en combustibles: bioetanol y biodiésel, desplazará a miles de agricultores; disminuirá la seguridad alimenticia de muchos países, al contar con menos reserva de alimentos; acelerará la deforestación, por la tala de bosques; e incrementará la erosión de los suelos.
Ya no se trata sólo de objetar la reducción de la disponibilidad de alimentos que conlleva ese hecho, y por ende la probabilidad del aumento del hambre de las personas más pobres del mundo, que es lo más criticable, junto a lo anterior, sino que, como pronostican los expertos, y ya va siendo realidad, la creciente demanda por el bioetanol derivado del maíz y el biodiesel del aceite de soja harán subir los precios de los granos y otros alimentos, como el trigo y el arroz, y ejercerán presiones al alza de los precios de la carne, la leche, y las aves de corral, al aumentar los costos de la cría de animales cuya dieta incluyen esos alimentos.
Todavía no se pueden hacer precisiones absolutas, pero es una realidad que estos rubros alimenticios van cambiando su valor, al conjuro del nuevo boon del también llamado combustible verde, cuya demanda es cada vez mayor, empezando por Estados Unidos, que elevó la cantidad de maíz cultivado para producir etanol en sus destilerías, de 18 millones de toneladas en el 2001, a 55 millones en el 2006.
Algunos reportes en sitios Web especializados sobre el tema, como www.elsitioagrícola.com revelan que, por ejemplo, el precio del trigo en el mercado de Chicago, en mayo del 2007, se cotizó a 182,7 dólares la tonelada, mientras en el 2006 fue a 120.2 dólares; el maíz en mayo del 2007 fue a 148, en tanto en el 2006 fue a 85,7, y la soja, a 252,9 en mayo del 2007, y a 225,3 en el 2006.
En Argentina, por poner otro caso, todos los precios fueron más elevados que el pasado año. En el mes de mayo del 2007, el trigo tuvo el precio de 130.5 dólares la tonelada; en abril, el maíz fue a 120 la tonelada; y en mayo de este propio año, el precio de la soja alcanzó los 196.1 dólares la tonelada.
Si nos atenemos a ello, no son precisamente los biocombustibles la alternativa viable del petróleo que, como se ha dicho, tiene vida limitada.
En el sitio ibora.com.ar se expone que las reservas, en el 2003, llegaban a 1,27 billones de barriles -otros las calculan en 1.15 billones-, distribuidas así: Arabia Saudita, 281 000 millones de barriles; Irán, 140 000 millones; Irak, 123 000 millones; Kuwait, 105 000 millones ; Emiratos Árabes 104 000 millones; Venezuela, 83 000 millones; Rusia, 76 000 millones; y otros países, entre los cuales está Estados Unidos, 358 millones.
Al ritmo actual de consumo, los expertos consideran que estas reservas, alcanzarán sólo hasta los próximos 40 años. Ello incrementará paulatinamente la demanda de un combustible sustituto para los automóviles, lo que a su vez determinará, si no se utilizan otras alternativas, una mayor conversión de alimentos, como los cereales, en biocombustibles. Y lo que antes iba a parar a los estómagos de personas, entonces llenará los tanques de los vehículos de los pudientes que, según estimados, circulan actualmente 800 millones en el mundo.
Todo esto ha sido denunciado con mucho argumento por Fidel Castro, como una amenaza de hambruna real para los más pobres, sin dudas un hecho grave, criterio que poco a poco han ido asumiendo otras personalidades, como el relator especial de las Naciones Unidas para la Alimentación, Jean Ziegler, quien advirtió, recientemente, que producir etanol a partir de alimentos, condenaría a la muerte por hambre a cientos de miles de personas en el planeta.

























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