
Prensa digital / Canarias Semanal.- Un sujeto acostumbrado desde la más tierna infancia a tener el juguete más caro y vistoso entre todos los niños de su clase, con sólo pedirlo al autor de sus días, pasará con naturalidad de disfrutar, por ejemplo, del tren eléctrico con todos sus complementos (aspiración de los niños de antes), o de la consola electrónica más novedosa y sofisticada a gozar del vértigo de la velocidad en un deportivo último modelo y a no pararse en barras para satisfacer todos sus caprichos, por extravagantes que sean, mientras su cuerpo y el bolsillo de papá aguanten. J.A. narra - en un tono humorístico - como Ignacio González Santiago pudo ver satisfecho uno de estos caprichos: el de poseer su propio partido político.
Aunque ese príncipe azul de ahí arriba llegue a los noventa años, que ojalá, seguirá siendo un señorito. Porque ser señorito no es una cuestión de tiempo, sino un estado del alma. Es indudable que todos los humanos tenemos tendencia innata al señoritismo (¿a quién no le gusta vivir sin dar golpe?), pero sólo unos pocos elegidos consiguen llevarla a la práctica. Un señorito necesita, en primer lugar, un papá especialmente alicatado de millones. Entendámonos, todos y todas precisamos de un padre (y si está alicatado de millones mejor), para empezar a movernos por el mundo, pero este imperativo biológico común a la especie, en el señorito es también uno de los fundamentos esenciales de su viabilidad como tal. Y es que para señorito se nace, pero también hay que tener oportunidades y carácter para aprovecharlas. Así, cualquier niño excesivamente mimado tiene un montón de boletos para convertirse en señorito, una vez llegado a la edad adulta (aunque esto sea quizá una incongruencia, ya que el señorito se caracteriza precisamente porque nunca llega a la edad adulta, o al menos, nunca llega a reunir todas las condiciones que describen convencionalmente a una persona adulta).
Pero no enredemos las cosas con cuestiones colaterales. Lo que queremos decir, y decimos, es que un sujeto, sea quien sea, acostumbrado desde la más tierna infancia a tener el juguete más caro y vistoso entre todos los niños de su clase, con sólo pedirlo al autor de sus días, pasará con naturalidad de disfrutar, por ejemplo, del tren eléctrico con todos sus complementos (aspiración de los niños de antes), o de la consola electrónica más novedosa y sofisticada (caso de los niños de ahora), a gozar del vértigo de la velocidad en un deportivo último modelo y a no pararse en barras para satisfacer todos sus caprichos, por extravagantes que sean, mientras su cuerpo y el bolsillo de papá aguanten.
¿Hay algo más extravagante que ser dueño de un partido político? Vale, es una pregunta retórica, seguro que hay cosas mucho más extravagantes, por ejemplo, qué se yo, coleccionar mariposas, asesinar ancianitas o escribir bets sellers de fulminante éxito, pero para cualquiera de estas aficiones es preciso tener unas cualidades y un esfuerzo de la voluntad que el señorito nunca ha cultivado. ¿Para qué, si para llegar a lo que es en la vida, le ha bastado con pedírselo a papá?
- Papá, anda, cómprame un partido.
- ¿Cuál, m'hijito? Mira que los partidos son carísimos y, además, los mejores ya tienen dueño todos…
- Uno chiquito, papi... ¡Mira, ese de ahí!
- (Ajustándose las gafas de ver de cerca) Cen- tro Ca-na-rio Na-cio… ¿¿Estás loco, Nacho?? Nosotros nunca hemos querido nada con estos nacionalismos disolventes. ¡España no hay más que una, grande y libre!
- ¡Comprámelo, pa, comprámelo! (dando pataditas en el suelo), eso lo arreglo yo después.
Y así consiguió Ignacio González Santiago ser dueño del CCN. Al que "arregló" desde luego, pues ahora se llama simplemente Centro Canario, sin que la N de las siglas tenga mayor significado. Lo más probable es que la traducción completa de éstas sea "Centro Canario de Nacho", aunque no lo dicen porque está feo. Al frente del mismo el señorito se presenta a la alcaldía de Santa Cruz. Pasan cosas tan raras en esta vida, que de repente sale concejal y todo. ¡Dios nos coja confesados!
De "Pásalo. Periódico de los movimientos sociales de Tenerife". Nº 12. Febrero de 2007

























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