Eloy Cuadra Pedrini / Artículo de Opinión.- Esta reflexión me venía rondando desde hacía tiempo, y terminé de convencerme hace unos días, cuando leí en prensa que a las personas sin hogar de Santa Cruz de Tenerife que tengan problemas con el alcohol o con las drogas se les va a prohibir comer, cenar desayunar o dormir en el Albergue Municipal. Es simple: son culpables de su estado y no hay más que hablar. Allí los quieren a todos perfectos, y de repente me acuerdo, no sé por qué, de cómo eliminaban a los imperfectos en el país de la señora Merkel hace algunas décadas. No se han preguntado que tal vez si no bebieran no estarían en la calle; no se han parado a pensar que tal vez beben para mitigar el dolor, la miseria, el olvido y el propio hastío que sienten. ¿Acaso no saben en el Ayuntamiento que en Tenerife no hay centros especializados para atender a personas alcohólicas y drogodependientes con patologías asociadas, con problemas mentales, sin dinero, sin familia que lo ayude, sin casa, sin ánimos, sin apenas esperanzas? ¿Cómo pretenden que dejen el alcohol, con un simple castigo?, ¿o acaso es otra cosa lo que pretenden? ¿Se trata de soltar lastre entonces? La máquina del capitalismo no puede pararse a atender a los que se van quedando atrás, no hay tiempo, no hay dinero, no hay ganas, y lo que es peor: no hay alma ni corazón dentro de esa máquina. Perdón… se me olvidaba: hace tiempo que han tocado el ¡Sálvese quien pueda!, si te caes del vagón en el que vas estás perdido.
¿De qué te asombras? Sí, tú, lector… ¿crees que contigo no va la cosa porque estás bien sentado en tu vagón? Mejor no te las prometas muy feliz, a poco que te cambie la suerte tú también serás culpable. Si te quedas sin trabajo serás culpable de no haberte formado bien, de no haber sido lo suficientemente hábil, de no saber cuatro idiomas, de no aceptar cobrar menos o de no haber sabido pisar a tu compañero para agarrar ese puesto. Y si el banco te quita la casa también eres culpable por imprudente, nada que decir del banquero que te dio el dinero a sabiendas de que hacía probablemente no podrías pagarlo, nada del político que fomentó esa política, la culpa es tuya por irresponsable, tal vez por ingenuo, o por no haber ganado suficiente dinero: ¿cómo pretendías pagar esa hipoteca con tu situación? Anda devuélvele la casa al banco y deja de quejarte, eso sí, no te olvides de seguir pagando la diferencia.
Culpables, culpables, culpables… Culpable tú también, veinteañero indignado contra el que la policía carga, culpable por ser rebelde. ¿Acaso no hay suficientes programas de aniquilación de conciencias en los medios de comunicación de masas? ¿No entendiste cuando te dijeron que había que obedecer? Y tú, anciano, también eres culpable, por existir cuando ya no eres más que un mueble viejo y apolillado. ¿Con qué derecho pides que te asista un servicio social en tu vejez? No hay dinero, ni tiempo, ni ganas, así que olvídate de esa operación, de ese tratamiento, es la artrosis, es la edad, no hay nada que hacer, toma estas pastillas para el dolor o mejor muérete ya anda.
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