Eloy Cuadra Pedrini / Artículo de opinión.- Segundo aniversario de aquella rabiosa fecha de mayo. Dos años desde la aparición del 15M, donde, todo hay que decirlo, su fuerza está ya bastante diluida en la desilusión que supuso para muchos la indefinición del movimiento o el comprobar que todo fue a peor pese a haber tomado las calles repetidas veces. Esa desilusión al menos ha servido para que al fin hoy la mayoría se den cuenta que un movimiento de toma de conciencia, de protesta o de movilización ciudadana no va a conseguir nada en un sistema con unos escenarios de poder perfectamente blindados al ruido de las calles. No por la vía pacífica, desde luego. Por eso, hoy parece meridianamente claro que la opción de cambio más viable pasa por conformar una fuerza unitaria que pueda entrar a decidir en los escenarios donde se deciden las cosas, esto es, en la política. Ahora bien, fácil es decirlo, otra cosa es llevarlo a la práctica, con los batiburrillos ideológicos, las expectativas, las ansias de poder, los prejuicios o las ganas que tienen muchos de montar su pequeño tinglado.
Y es que en mi opinión, solo una fuerza totalmente conectada a la base social crítica y a la mayoría sufriente puede tener éxito en un sistema electoral corrupto y viciado para favorecer siempre a los de siempre, y esa fuerza sólo puede serlo si aglutina y representa a la mayoría de los que nos definimos contrarios al capitalismo actual a este lado del sistema, y sobre todo y muy importante, si es capaz de volver a entusiasmar a ese sector cada vez más amplio de nuestra sociedad que detesta todo lo que huela a política por considerarlo más de lo mismo, y no vota, o vota en blanco, o vota nulo, o al partido de su barrio, o al que hace la campaña más graciosa.
Porque, no nos engañemos, IU por poner un ejemplo, por ser el partido alternativa que más sube en las encuestas: ¿acaso va a lograr por sí solo o con alguna coalición puntual acaparar tantos apoyos como para lograr cambiar las cosas? Es evidente que no. Tampoco lo van a lograr cuatro o cinco partidos alternativa haciendo cada uno la guerra por su lado. Miremos a la realidad por favor, los partidos continuistas (PP, PSOE, UPyD y nacionalistas conservadores) tienen el dinero, controlan los medios y tienen a su masa social más o menos fiel conectada siempre. En cambio, nada de eso ocurre con los partidos de izquierdas, con las alternativas, siempre en minoría, con menos dinero y menos medios, y lo que es más importante, sin conexión segura con la base social factible de apoyarlos. Y es que antaño, los partidos de izquierdas tuvieron sentido por ser la conexión natural con la clase obrera y los sindicatos de base. Entonces, la izquierda defendía a un sector de la sociedad perfectamente definido, los trabajadores asalariados y esa fuerza-masa localizada preferentemente en la fábrica. Hoy ese escenario ha cambiado, ya no hay clase obrera como la entendieron en sus inicios, tampoco hay sindicatos representativos conectados a la base social, lo que hay es una amplia mayoría social huérfana y despolitizada, camino de ser esclavizada en diferentes formas de trabajo basura, trabajo mierda o subtrabajo, con otra buena parte que ya ni siquiera puede aspirar a eso, y agoniza en los suburbios de la miseria y el abandono. De entre todos estos sufrientes ciudadanos, muchos ya no creen en la política ni se creen nada que venga de alguien que se dice “político”, ya venga a contarles lo que quiera contarles. Por eso, solo una fuerza política que integre a los partidos alternativas al sistema que ya existen y de cabida a los movimientos que vienen sonando desde abajo, desde el 15M o lo que quedó de ello, y aglutine y acepte y represente a esa gran masa social huérfana, podrá romper la trampa electoral y alcanzar el poder para cambiar en verdad las cosas.
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